viernes, 7 de diciembre de 2007

29 de noviembre

En la primera asignatura de los jueves la profesora se ausentó aquella mañana así que pasamos el rato hablando de tonterías hasta la siguiente clase. Por la tarde Laura me animó a salir un rato para tomar unas cañas en un lugar que quería enseñarme, un bar situado junto a la mensa. El sitio era de lo más estrafalario: retro y hortera, repleto de salas (se ve que no era un local anteriormente habilitado para ser un lugar público, sino una casa antigua) separadas por endebles cortinas (más bien velos) y mesas recién barnizadas que solían tener pañitos y cosas típicas de hace medio siglo sobre ellas. La música y el ambiente eran agradables, por lo que nos pusimos a desvariar hablando. De pronto, me di cuenta de que en plena euforia de mi conversación, me había quedado solo hablando con Laura porque el resto de los presentes guardaban un incómodo silencio. En ese momento, me puse nervioso e involuntariamente grité “¡Poned la música!”, que también había desaparecido.

Miré a Laura, que había reaccionado frente al impulso pegándose contra la pared y agachándose, como si no quisiera que la relacionaran conmigo, y me miraba con cara de asustada. Estallamos en carcajadas ante lo ridículo de la escena y volvimos a la conversación. Antes de irnos, le dije que el local estaba bien, pero que era muy estilo “Pedro Almodóvar” y que para ser totalmente “kitsch” no bastaba con las velas, los visillos, los latones de galletas y las sillas de mimbre, que hacía falta alguna imagen religiosas totalmente descontextualizada. Entonces fue cuando Laura me instó a mirar a mi derecha y tras unas macetas, se encontraba un Cristo en technicolor, con los colores chillones. A pesar de lo horrendo del gusto de los decoradores, el local nos gustó.

domingo, 2 de diciembre de 2007

28 de noviembre

La clase de Sprechen (conversación alemana) fue de lo más instructiva y por fin empecé a aprovecharla tal y como planeaba inicialmente, compaginándola con el curso de alemán para retener conocimientos. Como la profesora (que es un amor, muy amable y simpática. Parece que le hemos caído en gracia, porque cuando explica algo, muy disimuladamente dice los términos claves para la comprensión de la explicación en castellano, pese a que hay alumnos de todas las nacionalidades, turcos, italianos, egipcios, etc. Pero el trato especial es para nosotros, incluso nos pregunta sobre cómo nos va la vida por aquí. Lo dicho, además de joven y amable, buena profesora) sigue los contenidos del curso de alemán, aprovecho para repasar y comprobar si de algo no me enteré bien, aunque en esta asignatura aprendo más y mejor que en la oficial, curiosamente.

Después de la clase, fui a la mensa a echar un vistazo a los menús, que esta semana eran temáticos (cada día dedicado a la comida típica de un país diferente), aunque acabé comiendo un plato de verdura en forma de rosquilla con salsa. No me reconozco, con la poca verdura que solía comer en casa.

27 de noviembre

¡Pero qué ricas que me salieron las salchichas al vino! Sin duda, el plato con el que más satisfecho me siento de todos los que he cocinado. Aparte de confeccionar semejante manjar, por la tarde lo más destacable fue asistir a la presentación oral que un grupo de clase exponía. Fue muy diferente a las que he tenido oportunidad de ver: entretenida e interactiva con el público pero con el fallo de ser excesivamente larga.

Al finalizar la clase, acudí a mi encuentro con Anton, que me propuso asistir a un “palique” o charla en castellano. Llegamos a duras penas al local, algo apartado del campus, el café Süd. Allí se reunían estudiantes de varias nacionalidades que habían cursado anteriormente estudios en países de habla española. Al cabo de poco tiempo me di cuenta de que poco pintaba allí (dominaba mi lengua materna mejor incluso que la profesora asistente) salvo supervisar las intervenciones de mi alumno aventajado, Anton, que demostró tener excelentes aptitudes para aprender idiomas nuevos. Es increíble el ritmo al que progresa. Espero que se me pegue un poco para mi aprendizaje de alemán.

Nos largamos pronto, no sin antes tocar un poco una guitarra que tenían por allí desperdigada. Acordamos tener más clases pero sin necesidad de volver al “palique”, que no terminó de convencernos. También prometimos cada uno aprender los tres idiomas más útiles y hablados del mundo: chino, inglés y español (ya llevo dos de tres, eso que le saco de ventaja a Anton).

Eso que veis en el centro es una chuletilla que tenía por ahí guardada

sábado, 1 de diciembre de 2007

26 de noviembre

Fuimos a comer a la mensa y después preparar las presentaciones orales en inglés que tendríamos que presentar aquella tarde. Eran dos en total para Patri y para mí: una sobre lo que quisiéramos, temática libre; y la otra sobre tradiciones y fiestas populares del lugar del que procediéramos. Decidimos hacer la presentación sobre cultura en conjunto y la verdad es que el resultado fue apoteósico.

Antes de ir a clase, estuvimos calentando motores preparando los esquemas de nuestras presentaciones con el “brainstorming” o lluvia de ideas. Coincidimos con unos compañeros del curso de conversación durante la espera y estuvimos hablando un rato sobre tonterías, pero fue gracioso. Ya en clase, primeramente Patri habló sobre recetas típicas de España para toda la clase: tortilla de patatas (cuyo origen fue durante un periodo de hambruna y escasez de alimentos. Fue fruto de la creatividad de la gente, que decidió mezclar los pocos ingredientes de los que disponían), paella (en Levante saben mejor debido a la mayor concentración de cal en el agua. Su origen fue el aprovechamiento de marisco que no se vendía) y gazpacho (recomendado en verano para combatir las altas temperaturas). Resultaba curioso ver cómo los compañeros de clase tomaban nota de las recetas. Lo mejor fue cuando una chica (de la que nos consideramos seguidores no confesados, porque cuando se pone a hablar, no para. Nos aburre con sus largas conversaciones y también nos marea por tanto como gesticula, pero en el fondo nos cae muy bien. Lo de seguidores no era broma) nos dijo que unos amigos suyos franceses le habían preparado un guiso muy rico con patatas, aceite y quizá huevo, a lo que le respondimos que era exactamente lo explicado, tortilla de patatas (esta vez se lo dijimos en castellano, porque no asociaba “tortilla” con “spanish omelette”, el nombre por el cual Patri se refería al castizo guiso). Fue una pena no poder llevar muestras para que probaran las exquisiteces.

A continuación, di una clase magistral de introducción al sistema de cómics japoneses, los manga. No parpadeaban siquiera de tanto como alucinaban. Les mareé un poco con tanto término específico y tanta clasificación. De nuevo, respondía a una serie de preguntas que me iban haciendo. Entre sus observaciones, las más destacables fueron sobre el sistema de lectura (de derecha a izquierda) y por qué no estaban a color las revistas que les enseñé, que si eran para colorearlas. Les dije que no eran a color porque normalmente se producen con poco tiempo para que los autores puedan colorear los cómics, pues además son productos de consumo rápido. También que no solo eran para niños, pues había temáticas de todo tipo, con enfoque adulto incluso. Finalmente, me preguntaron desde cuándo leía cómics y si también dibujaba, a lo que respondí que leía y dibujaba desde que tengo uso de razón.

Seguidamente, cada uno empezó a explicar las costumbres destacables de sus lugares oriundos. Hubo festejos de todo tipo: matrimonios (con cosas tan poco usuales como llenar la calle de las futuras parejas con cacharros y regalos varios), carnavales, fiestas religiosas, etc. Sacamos en conclusión que en toda Europa lo que la gente busca realmente de una celebración es consumir alcohol, y en grandes cantidades. Todas las fiestas acababan en borrachera ineludiblemente.

Helen, la chica habladora, habló sobre la fiesta de Pascua en su pueblo. La peculiaridad aparte de colorear los huevos es que la gente se dedica a empapar con cubos de agua a los que se dirigen a misa ese día, por lo que no pueden entrar chorreando a la iglesia. Tampoco hay excepciones para los que quieren guardar en casa, pues nos contó que un año despertó alarmada de su plácido sueño porque alguien de su familia decidió despertarla a base de chorros de agua fría (en vivo su explicación ganaba, con sus múltiples gesticulaciones).

Por fin llegó nuestro turno. Patri comenzó hablando de la geografía española, haciendo hincapié en La Alhambra (Granada) y su nominación a las 7 nuevas maravillas del mundo. Continuó hablando de las comidas típicas nuevamente, el folklore y las peculiaridades de las diferentes zonas. A continuación, expliqué las principales y más conocidas celebraciones: los sanfermines (de vez en cuando Patri colaboraba con pequeñas aportaciones, tal y como había hecho yo con su exposición. Al final acabamos haciéndolo en conjunto tal y como habíamos planeado inicialmente), donde les advertí de que eran divertidos (de paso introduje el tema de la tauromaquia, de la cual explicamos que si bien era popular, paulatinamente ganaba detractores. Les explicamos que la mayoría de los jóvenes no nos identificamos con esa costumbre que consideramos cruel y recalcamos las protestas que se hacen cada año en contra de estos eventos) a pesar de todo. Les explicamos que eran varios días de corte etílico y que a pesar de que atraía a mucho público internacional, mucha gente a muerto corriendo frente a los toros (también cité algunas polémicas como la acontecida este verano con el padre pillado in fraganti con el hijo, lo que le costó la custodia).

A continuación, les hablé de las romerías: en qué consistían, qué se hacía, y de nuevo que tuvieran cuidado con vigilar la cartera y no sufrir ningún accidente de tráfico, pues la gente no controlaba sus límites con el alcohol, especialmente en fiestas. En segundo lugar, llegaron las conocidas fallas, en las que la gente construía figuras que se mofaban de los políticos y personajes populares, así como algunas de gran artesanía y belleza, para ser quemadas al poco de cogerles cariño (este hecho les traumatizó, causando gran conmoción en el aforo). Por la noche llegaban los fuegos artificiales, que eran muchos, variados y coloridos. Igualmente, les advertí de los peligros que conllevaba presenciar aquellos espectáculos, pues las cenizas ardientes que caían podían llegar a quemarles el pelo o la ropa e incluso dejarles ciegos, por lo que les aconsejé que huyeran.

Alucinaron con nuestra exposición, estaban exaltados y boquiabiertos, pero habían disfrutado con lo que les explicamos. Añadí posteriormente la tradición de los castells o torres humanas catalanas, para los que la gente se preparaba previamente con mucho entrenamiento para subir unos encima de otros pero que igualmente había casos en los que la torre se desmoronaba y alguien caía para bien matarse o quedar paralítico. Fue cruel pero creímos conveniente que conocieran ambas facetas de las fiestas populares, la divertida y la peligrosa. Acabamos entre risas animándoles a que fueran de visita a España pero al mismo que tuvieran cuidado, pues todas las fiestas eran divertidas pero peligrosas.

Finalmente, Anton explicó una leyenda acerca del 1 de marzo en Moldavia (en el cual, según la leyenda, el sol en forma humana era liberado del aprisionamiento de un dragón, que le mantuvo cautivo hasta que los moldavos le liberaron. Pero el guerrero más valeroso fue herido y la sangre que derramó en la nieve que se derretía queda simbolizada en los pétalos de los almendros que florecen con la llegada de la primavera y dos pompones que Anton trajo (que parecían arrancados de las cortinas de su abuela), uno blanco y otro rojo. Por supuesto, la celebración acababa en borrachera, como cada tradición europea que se precie. Lo curioso es que existe una leyenda japonesa casi idéntica cambiando los nombres en la leyenda y los almendros por cerezos) y Emily, la profesora, detalló la celebración de Acción de gracias y algunas fiestas locales. No recalcó las partes etílicas de las celebraciones que comentó, al parecer, inexistentes (claro que, luego encuentras que en las fiestas de quinceañeros muchos consumen alcohol e incluso drogas duras como el éxtasis. Que no, que no van a dárnosla con la doble moral americana de nuevo).

La chuchería de aquel día fueron unos bastones de pan tostados muy salados, pero igualmente apetecibles.

25 de noviembre

Día tranquilo como pocos. Aproveché para hablar con mis familiares y experimentar en la cocina. Preparé unos macarrones con carne picada que estaban para chuparse los dedos. Le voy cogiendo poco a poco el truco a los fogones pese a que cada vez cocino menos.

No sé qué se celebraba por la noche, pero sobre las 20h aproximadamente, me giré a mirar por la ventana porque una traca de fuegos artificiales se veía a lo lejos junto al estadio Köln Arena.

Hmm... rico, rico...

24 de noviembre

Salí por la tarde a hacer la compra semanal tras terminar de comer. Estaba anocheciendo de camino al LIDL. Por fin pude encontrar las tan anheladas lentejas y las latas de atún en conserva. Me mondaba de risa por la de veces que había pasado delante de ellas sin darme cuenta, y eso que para el atún era fácil, porque se escribe como en inglés, “tuna”. Iba cargando con las bolsas de la compra a rebosar, como de costumbre, cuando pasé junto al parque con los desnudos árboles (el otoño los ha dejado sin apenas hojas a los pobres). Me alegré al mirar hacia el firmamento y encontrar de nuevo a mi inseparable amiga la luna. Era la primera luna llena que veía en Colonia, pues la anterior con el ajetreo se me pasó completamente. Es curioso que mucha gente se queje de la contaminación de Colonia cuando se puede respirar sanamente su aire y los cielos son siempre claros y escampados. Quizá en los barrios industriales, pero lo que es en mi barrio y en el de Patri la polución es inapreciable, por no decir inexistente.

Estaba absorto en mis pensamientos acerca del reencuentro con mi querida amiga cuando advertí la presencia de alguien en el parque. A unos 20 metros de distancia del punto en el que me encontraba una pequeña figura parecía balancearse en los columpios. Hasta ese momento creí estar solo, pero de repente empecé a escuchar una siniestra cancioncilla de juego de niños. Sentía cómo mis ojos se iban acostumbrando a la oscuridad y percibía a la figura con más nitidez. Era una niña a la que una extraña neblina recubría, otorgándole un extraño brillo azulado a la luz de la luna. Iba vestida con traje de época y tenía el cabello rizado con tirabuzones. Estaba de espaldas a mí y tarareaba la canción, a la que unas cortas y espaciadas notas de piano acompañaban. No me moví del sitio pero sentí cómo veía la distancia más corta y a la niña más cerca. Fue entonces cuando giró la cabeza para mirarme y… resultó ser una chica que estaba fumando y hablando con una amiga a la que no vi antes por sus oscuras ropas. Alemania es la cuna del romanticismo, quizá me dejo cautivar más de la cuenta por su exotismo esotérico…

23 de noviembre

Poco tengo que comentar de este día. Escaneamos unos documentos al terminar la clase y aproveché la mañana para pasar de nuevo por la tienda de cómics con motivo de recopilar material para la exposición que tendría que hacer en clase de conversación. El fin de semana empezó muy tranquilo, dado que mucha gente estaba de viaje a Berlín o Amsterdam, excursiones a las que llegué tarde para apuntarme, aunque las siguientes seguro que no se me pasan.

Lo que cayó aquella mañana (Fue barato, no os exaltéis)